Gallego del año

Eugenio Videla, la biografía de un emprendedor nato

Oriundo de la localidad coruñesa de Noia, Eugenio pasó su infancia y juventud impregnado de los aromas del mar, pero corrían tiempos de postguerra y, movido por sus sueños y deseos de superación, partió de su querida tierra en busca de una vida mejor.

Con una determinación que le asistía desde su más tierna infancia, corría el año 1947, cuando Eugenio decidió, con 23 años, embarcarse en la aventura de la emigración. Como muchos de sus paisanos, puso rumbo a Catalunya y se instaló en Pont de Suert, en la provincia de Lleida, donde era precisa mano de obra para la construcción de pantanos. Pero Eugenio echaba de menos la proximidad del mar, así que tras un año de duro trabajo y con pocas perspectivas de futuro, se estableció definitivamente en Barcelona.

A pesar de las dificultades de la época, acogió a Eugenio y él se sintió cobijado por ella. En seguida comenzó a trabajar en la empresa Vidal, consignatario del antiguo Mercado de Pescado y dejó de sentirse marinero en tierra cuando cobró su primer salario de 250 pesetas semanales.

Su carácter extravertido y su afán de superación le permiten adquirir los conocimientos necesarios para comenzar, en 1949, sus primeras actividades comerciales. Con los primeros ahorros, decide emprender también la empresa más importante de su vida, su familia, y parte de nuevo a Galicia para contraer matrimonio con su novia de toda la vida, Mª Ángeles Ces Abeijón, su querida Angelita.

Ahora ya son dos y, de vuelta en Barcelona, aúnan esfuerzos para ampliar la red comercial hasta Girona, Llagostera, Cassà de la Selva, Palamós… El mejillón y otros mariscos llegaban a la Estación del Norte desde Galicia. Allí esperaban los Videla y con carretones o coches de caballos los transportaban hasta la Estación de Francia y enviarlos por tren hasta Girona.

Mientras las actividades profesionales iban prosperando, la vida personal también se llenaba. En 1953, nace el primer de hijo de Eugenio y Mª Ángeles, Juan José, y dos años más tarde, Genín. Los dos, con el tiempo, llegarán a ser los directores del grupo Videla.

La pequeña empresa Videla cuenta ya con su propia estructura comercial de venta a distribuidores y a hostelería, pero las descargas de "El Canario" marcarán un nuevo rumbo en la actividad de la compañía. Comienzan los primeros envíos regulares de pescado fresco a las Islas Baleares, a Tarragona y nuevas localidades de Girona. Por entonces, Eugenio Videla ya era conocido por todos en el Mercado de pescado de Barcelona como "el gallego".

Mientras el negocio iba creciendo con la ampliación de nuevos clientes y con la comercialización de pescado congelado, paralelamente, la familia iba aumentando: Miguel, Sebas y Montse.

En 1968, los dos hijos mayores, se incorporan a la plantilla de la empresa. Ambos comenzaron compaginando el trabajo con sus estudios superiores de Comercio. El esfuerzo y la intuición comercial de Eugenio se fusionaron con los conocimientos de sus hijos lo que resultó en un gran avance del negocio. También, ese mítico año 68, nació la última de los hijos de los Videla, Ángeles, que vino a culminar la obra más importante de Eugenio: su familia.

Respaldado por ella, la empresa Videla siguió evolucionando. Ya no se centró solo en la distribución de pescado. Era necesario indagar en otros campos y en los años 70, inició sus primeras incursiones en el mundo del congelado, adquiriendo su primer almacén frigorífico. Fue el punto de partida de un imparable ascenso de la empresa que siguió creciendo con una primera planta de elaboración, con nuevas concesiones de Acopio y con las primeras incursiones en el ámbito de la importación y la exportación.

Eugenio siguió siendo un incansable trabajador con una gran capacidad de adaptación a los nuevos adelantos y tecnologías. Consciente de ello, en 1989, tomó la decisión de ceder el testigo de la empresa familiar a sus hijos. Era el momento de dar paso a las nuevas generaciones.

Desde entonces, se dedica a practicar su gran hobbie: ser amigo de sus amigos y a regresar con más frecuencia a sua terriña. Pero no se ha desentendido de la empresa familiar. Cada día visita la oficina, continúa siendo el principal consejero para sus hijos y el mejor relaciones públicas de la empresa. Con su familia, continúa trabajando como esposo, padre, suegro y abuelo. ¡Es el adorado gran patriarca de sus 27 integrantes! Y en palabras de su hija más pequeña "es ese hombre que mira orgulloso el pasar de las vidas de sus hijos y hace a la vez de Pepito Grillo porque son parte de su gran obra y achucha tiernamente a sus nietos porque ve en ellos el futuro de su existencia"